Aproximación sobre la identidad política y organizativa del Movimiento Estudiantil Universitario.

Por: Organización de Estudiantes de Pedagogía UNAH-CU, 17 Julio de 2016

 

El siguiente escrito consiste en una descripción general sobre algunos elementos que conllevan a la praxis política del MEU con el fin de posibilitar reflexiones profundas sobre la crisis universitaria actual, recalcando que lo descrito se basa en diálogos establecidos mediante una serie de interrogantes no estructuradas dirigidas a los actores que conforman el movimiento estudiantil, como también otros protagonistas acompañantes en la lucha gestada por la defensa de la educación como un derecho humano inalienable y como medio de acceso a la justicia social.

Para tener aproximaciones sobre la identidad o los elementos políticos y organizativos que ayudan a definir un movimiento social, se vuelve necesario reconocer a sus protagonistas como sujetos de experiencia e historicidad, máxime si hablamos del campo universitario, donde es la andragogia la disciplina científica la encargada de entender la autonomía de los adult@s y su necesidad toral de participar en la construcción de política educativa y métodos de formación y construcción de aprendizaje, como bien lo apuntaba el investigador Venezolano Félix Adam en su preocupación por profundizar en las características bio-psico-sociales de los sujetos adult@s, solo en ese sentido podemos entender su imaginario colectivo y su praxis critica.

El fenómeno central en la crisis universitaria: es la educación, la cual es determinada desde la pedagogía crítica[1] como la acción cultural y humanista forjadora de herramientas estéticas críticas que una vez en la práctica transforman el pensamiento y la realidad del ser humano colectivizado, siendo la contraposición a un tipo de educación conductista o tradicionalista. Por lo que el MEU ha asumido la idea de pensar en ese tipo de educación liberadora, dando una de las mayores cátedras a los movimientos sociales del país al construir un espacio histórico donde la democracia, desarrollo y la calidad educativa se conciben como ejes centrales puestos en constante debate para la acción cultural, participativa y transformadora; y es esta acción el punto de partida para entender la identidad del movimiento estudiantil.

En primera instancia existe el reconocimiento desde hace algunos años de un vacío en la construcción de universidad por medio del proceso de reforma –normas académicas, modelo educativo, gestión curricular, etc.- visibilizando que dichos procesos han carecido de la participación directa del actor principal del acto educativo: el educando[2]. Por lo que se concibe tal contradicción como prioridad en las agendas de los movimientos y asociaciones de carrera, quienes manifiestan que sus prácticas en el inicio de la lucha (con mayor auge 2014) eran demasiadas prejuiciadas por el aparato institucional y parte del sector estudiantil que aún se concebía como un simple receptor de contenidos y no como un sujeto activo constructor de ideas críticas sobre educación y desarrollo.  Lo anterior permite entender el marco metodológico de la acción política y la progresividad histórica del movimiento estudiantil.

En ese camino no solo se determina la lucha contra el poder antagónico ideologizante, sino también el proceso de reconocimiento entre estudiantes, desprejuiciando con ello el método de incidencia,  por lo que se define como una lucha política en cuanto a la exigencia por recuperar la voz en los espacios de toma de decisiones institucional, una lucha académica en el sentido de democratizar el currículo encaminado a que responda a la realidad política, ideológica y cultural de los educandos, que en síntesis, antes de ser educandos, son sujetos comunitarios e históricos y como una lucha intercultural por medio de la apertura de espacios fuera de lo institucional y de las aulas de clase construyendo relaciones críticas y éticas entre los sujetos de interculturalidad (recuperación de territorio, creación de escuelita rebelde, radio la capucha, etc), lo que no deja de ser transversal en las primeras definiciones de lucha.

En tal sentido la lucha se concibe desde la protesta como un derecho humano donde se transversalizan los temas de concientización, organización y acción como herramientas básicas para el entendimiento de las relaciones políticas y de poder sintetizadas en un espacio multicultural y dinámico; exigiendo creatividad, criticidad y cientificidad en el método accionario, por lo que ha sido un desafío pasar de un método academicista a un método popular, aclarando que éste último no significa carecimiento de objetividad, al contrario, reafirma e integra las diversas manifestaciones artísticas, simbólicas y conceptuales que contribuyen en la transición de una “conciencia ingenua” a un tipo de “conciencia crítica” (Sanchez, 2005).

Entre los elementos simbólicos,  según los estudiantes, se priorizan las mantas, murales, miting, conciertos, consignas, uso de la capucha, etc., los cuales en conjunto determinan la alegría y convicción por seguir en la construcción de un movimiento que aboga por la defensa y promoción del derecho a la educación, son manifestaciones culturales que generan debate sobre la acción del sujeto en un espacio diverso, también el debate sobre recuperación de espacios públicos y como una estrategia de democratización del -nosotr@s- orientado  a visibilizar la violencia en sus distintas tipologías y principalmente las estudiadas por el sociólogo Noruego Johan Galtung (2003) sobre: “violencia directa o visible, estructural y cultural” incrustadas desde la teoría del conflicto, violencia que no se segmenta solo en la academia, sino que es reflejo del país.

Sobre la democratización de espacios, estudiantes manifiestan:

“Cuando decimos recuperar territorio nos referimos a la identificación con el nosotr@s dentro de un espacio, ha significado crear en primera un marco espiritual y de sentimiento que nos exige recuperar el espacio público que por tiempos ha sido dominado por las autoridades, hoy nosotr@s somos la alegría, somos l@s que por tiempos nos prohibían ser visibles, como también somos el momento histórico donde tenemos la posibilidad de ser jóvenes constructores de sueños, arte y ciencia, manteniendo el principio pedagógico del aprender haciendo[3].

Lo anterior manifestado por estudiantes se ha gestado en la disputa entre la comunidad universitaria organizada con propuestas y la estrategia del contrario en estigmatizar las voces de los estudiantes, como un intento de desmovilización promovido en conjunto con diversos medios de comunicación que imposibilitan la apertura al diálogo crítico, participativo, académico y democrático.

Pasando a describir uno de los elementos como el uso de “la capucha[4]” (nos cubrimos el rostro para que vean nuestros corazones) ha sido de responsabilidad colectiva con el fin de evitar “la persecución, desaparición y muerte[5]” hacia quienes directamente se vinculan en la exigencia por la garantía de un derecho; sobre tal estrategia el estudiantado ha tenido que generar diversas acciones para des-construir la estigmatización, mencionando: “nos preocupamos mucho e iniciamos a humanizar la capucha, utilizándola en cada espacio de lucha, en cada actividad recreativa, cultural y de formación[6]”, visibilizando la impunidad del sistema de justicia nacional y la lucha en contra de la enajenación cultural dada desde el fundamentalismo y discriminación individual e institucional. La humanización de la capucha significa ir en contra del miedo y el temor que dificulta reconocernos en una lucha por la transformación socio-cultural del mundo apoyado desde las interpretaciones desarrolladas por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en México.

La des-construcción del estigma hacia el Movimiento Estudiantil Universitario (MEU) ha logrado aglutinar más voces en la vinculación de las exigencias discernidas en la democratización de la universidad y cese a la persecución política, evidenciándose el poder de movilización, donde la participación no sólo es protagonizada por el sector estudiantil, sino también de una diversidad de organizaciones sociales, padres de familia, personas con discapacidad física, pueblos indígenas y negros, organizaciones de DDHH como acompañantes, etc., lo que exige al Movimiento Estudiantil Universitario (MEU) prestar atención a la progresividad y dinamismo de sus procesos, ya que no es un movimiento homogéneo sino heterogéneo y multicultural; siendo en esas fases dificultoso determinar una sola línea para entender la identidad política y organizativa del movimiento, por lo que la sistematización del MEU se convierte en necesidad cotidiana.

Porque la solidaridad práctica de los pueblos en relación a la crisis universitaria no es moda, es un apoyo y reconocimiento a la legitimidad y objetivos del Movimiento Estudiantil Universitario por la defensa de la educación pública, como base política gestora de procesos metodológicos en cuanto a organización y como un movimiento con capacidad de seguir rompiendo fronteras en el entendimiento de la justicia en el mundo, con esto último nos referimos a la responsabilidad ética y política que se está construyendo por visibilizar las contradicciones de la educación institucionalizada en todos sus niveles, siendo uno de los puntos que en la práctica, garantizan la permanencia y dinamismo del movimiento estudiantil.

El Movimiento Estudiantil Universitario es un fenómeno de debate permanente por determinar una identidad política u organizativa particular, lo que en estos momentos es difícil tenerla clara debido a su apogeo, pero no aleja la idea de intentar tejer una realidad en conflicto que premie a la reflexión crítica sobre el horizonte del MEU.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Diario Oficial La Gaceta (12 de febrero de 2005) Ley Orgánica de la UNAH. Decreto 209-2004. Año CXXVIII. Núm. 30.621. Tegucigalpa, M.D.C., Honduras, C.A.

Galtung, J. (2003). Paz por medios pacíficos. Paz y conflicto, desarrollo y civilización. (T. Toda, Trad.) Bilbao: Bakeaz.

Sanchez, S. (2005). Paulo Freire una Pedagogia para el Adulto. En S. Sanchez, Concepcion de Freire sobre el hombre y el mundo (págs. 14-15). Espana: Espacio.

Universidad Nacional Autónoma de Honduras (2009) Modelo Educativo de la UNAH. Ciudad Universitaria “José Trinidad Reyes”: Serie: Publicaciones de la Reforma Universitaria No.3.

Universidad Nacional Autónoma de Honduras (2015) Normas Académicas de la UNAH. Ciudad Universitaria “José Trinidad Reyes”: Serie: Publicaciones de la Reforma Universitaria No. 6.

 

 

[1] Léase las obras de: Ivan Illich, Henry Giroux, Paulo Freire, como referentes para el entendimiento de una educación como práctica de emancipación y transformación.

[2] También expuesto en el Modelo Educativo de la UNAH.

[3] Estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras con seudónimo “Murciélago”, julio 2016.

[4] Estrategia impulsada desde la cosmovisión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en México, cubriéndose el rostro.

[5] Miembro activo del Comité de Seguridad del Movimiento Estudiantil Universitario, julio 2016.

[6] Artista y Líder estudiantil en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras con seudónimo Trapo, julio 2016.

Publicado por UNAH Estudiantes

El periódico estudiantil al servicio de toda la comunidad universitaria para debatir, criticar reflexivamente y comunicar temas referentes a la Reforma Universitaria y la problemática general de la UNAH y de País

Un comentario en “Aproximación sobre la identidad política y organizativa del Movimiento Estudiantil Universitario.

  1. Importante revisar ese documento entre tod@s y así mejorar su contenido. En tal sentido superar tanto lenguaje pedagógico, introducir categorías políticas-filosóficas. Digo esto porque el carácter epistemologico de la pedagogía es muy dudoso ya que incluye elementos de otras disciplinas no tan congruente con la pedagogía. Recuerden que se trata de construir una declaración Política muy dinámica en donde se expresen intereses diversos: de sujetos provenientes del derecho, ingeniería, de sociales, Humanidades, física, la salud, etc. No sólo pedagogía ni filosofía. Es difícil y por ello se mantendrá un sentido provisional en esa propuesta de identidad estudiantil. Casi todos y todas son personas de tránsito por la Universidad y vendrán otras personas con otros intereses y mejores propuestas.

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